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Prologo

Llevo a cabo la presente "aventura" con motivo del trabajo final de mi formación como Terapeuta Transpersonal, realizada en la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal, durante los años 2012 al 2014.

Siempre oí decir que un hombre tenía tres cosas que hacer en su vida, tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. Tener un hijo y plantar un árbol ya vieron la luz hace mucho y con creces, me faltaba escribir un libro.

Cuando tenía unos quince años redacté un boceto de lo que pretendía ser un libro, eran las aventuras y desventuras de un joven que escapaba de su casa acuciado por los problemas típicos de esa edad, no era otra cosa que plasmar lo que en ese momento vivenciaba. Solo se lo di a leer a un familiar, con el que me une un gran cariño, después ya no supe más de aquellas páginas, ignoro si siguen enteras o no, de todas formas aquella historia no está reflejada en esta, aunque tengo que reconocer que algunas de aquellas vivencias llegaron a formar parte de mi "mochila en la sombra".

Decidido a cambiar grandes cosas en mi vida, empecé a bucear en mi mundo espiritual, allí fui descubriendo que me sentía cómodo, me sentía bien. Mi primer encuentro serio fue realizar el primer nivel de Reiki y descubrir que había muchas más personas que pensaban como yo. Descubrí que nombrar la palabra AMOR no era sinónimo de pecado, que no estaba tan mal como me habían hecho creer y que el ámbito de su significado era muchísimo más grande de lo que me habían inculcado. Descubrí que la apertura de corazón era una medicina poderosa. Fue un tiempo de grandes descubrimientos. Los sucesivos niveles en Reiki y E.F.T. me ayudaron a comprender que el corazón también enfermaba, manchando las hojas del alma.

Me sentía orgulloso de lo que había aprendido, me llenaba de satisfacción ver la cara de las personas a las que después de aplacar un dolor "físico" arrancaban a llorar vaciando su pena. Aquello estaba bien y me gustaba, pero... no me sentía realizado, me faltaba algo, sentía o presentía que había algo más que podía hacer. Me dispuse a encontrar eso que me faltaba y, como siempre ocurre, mágicamente se cruzó una página de internet ante mis ojos, en aquella página pude leer una de las titulaciones "Terapeuta Transpersonal". Enseguida supe que eso era lo mío. No tenía ni idea de qué iba, aunque muy dentro de mí lo sentía propio.

El primer año de formación supuso un gran despertar, un vuelco a creencias limitadoras y una apertura de mente que me hizo llegar a ver aquello que permanecía encerrado en la sombra. Abría los sobres con la avidez desesperada del antídoto deseado, disfruté con cada una de las técnicas aprendidas y gocé de unos días maravillosos en el Encuentro de Kayzen "La Colina".

El segundo año ha supuesto el afianzamiento y arraigo de una visión distinta, de permitir dejar expresarse al corazón y practicar su apertura, ejercitando su musculatura en el abrazo del Alma propia y ajena. El segundo año ha sido la guinda del pastel.

Desde que comencé el segundo año me preocupaba el trabajo de final de curso. Semana a semana había ido leyendo todo lo que los compañeros posteaban en el foro, principalmente este segundo año. Era testigo de cómo profesionales de distintos ámbitos de la salud mental y física me acompañaban en este camino, mis conocimientos sobre estas materias eran nulos y me perdía cuando oía hablar de Jung, Maslow, Wilber o Welwood...así que, ¿Qué "armas" poseo para enfrentarme a tremendo reto? Pues simplemente ser yo, dejarme fluir y mostrarme tal y como soy.

Los temas se han ido sucediendo de forma misteriosa y, cual experto cirujano, han ido abriendo, sanando y cerrando heridas. A la hora de plantear los trabajos, de comentar o de exponer casos prácticos, solo me quedaba escribir desde el corazón. Con la tinta del AMOR y la pluma del corazón me enfrenté a ellos, y vosotros, mis compañeros, empezasteis a engordar mi Ego con vuestros comentarios. Algunos (sobre todo algunas) me animasteis a que escribiera "mis cosas". Durante mucho tiempo me negué a ello, pero al final el peso del Ego, engordado artificiosamente con halagos inmerecidos, ha podido más que la densidad de la sensatez y me he tirado a la piscina... espero no ahogarme en las aguas de las letras al tener la osadía de pretender conjugarlas.

He decidido rescatar algunos trabajos de los dos años, adaptarlos, corregirlos e incrustarlos dentro de esta historia, al fin y al cabo se trata de realizar un trabajo en la dirección de lo Transpersonal, no que os suelte un triste cuento.

Los nombres son ficticios pero corresponden a personas reales. Todo lo que está escrito es rigurosamente cierto, que no significa que sea todo. Tan solo el personaje de Iván es fruto de la "demencia" de quien les escribe, un simpático y bonachón truhán que vino a ayudarme, a realizar este trabajo, cuando más lo necesitaba... ¿Y si fuera real?

Sinopsis

Ramiro (50), veterano miembro de las Fuerzas Armadas, bucea en el mundo espiritual en busca de la paz que su Alma necesita. Su bautismo y práctica en las disciplinas de Reiki, Yoga y E.F.T. le han llevado a querer profundizar aún más y se forma como Terapeuta Transpersonal. Un día se cruza en su camino Ivan, un truhán que vive su oportunidad como Ángel de Ramiro. Juntos tendrán que descubrir que son capaces de perdonar, librándose de la pesada mochila que les atormenta. 

La psicología transpersonal es un movimiento que tuvo origen a finales de la década de 1960 por un grupo de psicólogos y psiquiatras como Stanislav Grof, Anthony Sutich, Miles Vich, Abraham Maslow, entre otros, que consideraron que era necesario investigar y desarrollar una nueva rama de la psicología que estudiase un conjunto de experiencias y fenómenos de la conciencia que hasta la fecha consideraron que la psicología corriente no atendía suficientemente. En consecuencia, en 1969, Maslow propuso el término transpersonal para designar esta nueva psicología, que sería, para Maslow, la "cuarta fuerza". La primera era el psicoanálisis, la segunda el conductismo y la tercera la psicología humanista.

Booktrailer

https://youtu.be/l5zcG-4aCPM